PORQUE TODOS TENEMOS ANTOJOS

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Soledad (parte 1 de 3)

Era un día especialmente pegajoso en Buenos Aires y el cabello suelto empezaba a molestarle.
Venía pensando que se había puesto una cartera clara que estaba demodé… “Tendría que haberme comprado la semana pasada en el shopping esa blanca de cuero, tan linda y grande como se usa ahora, de Prune. La semana que viene, por ahí…”.
Absorta en sus pensamientos, ni se dio cuenta que ya estaba en la puerta del edificio de Diego, su amigo/amante/compañero/pareja despareja de los últimos ¿seis meses?. Sí, algo así, más o menos.
Tocó timbre y él bajó a abrirle. Le había dicho que hoy le tenía que pedir un favor. Ella estaba ansiosa. “Si no te va me lo decís y listo”, le anticipó.
Le divertía pensar qué podía ser. Él estaba nervioso, pero divertido y charlatán como siempre. Se besaron un poco en el ascensor mientras ella, curiosa, le preguntaba qué quería esta vez.
Cuando llegaron al departamento, vió con sorpresa que había un tipo de unos 50 años sentado en la esquina de la habitación. Quieto, callado, fumando tranquilamente un cigarrillo negro.
- Estás loco Diego. Qué querés? Un trío no, y menos con este tipo.
- No, no… él sólo quiere mirar. No nos va a joder.
No sabe cuanto tiempo discutieron por lo bajo, pero cada vez ella ponía menos resistencia. Y la idea empezaba a seducirla. Mientras hablaba, él la tomaba de las manos y ella miraba de vez en cuando a ese hombre que fumaba tranquilo mirando el piso, como si ellos no existieran.
De pronto y como para terminar la discusión, Diego saca de su billetera cinco billetes de 100 pesos. Los dobla en dos. Los vuelve a doblar. Los vuelve a doblar otra vez. La toma a ella de la mano, la trae suave hacía él y le dice al oído.
- Dale… no seas mala, si no te cuesta nada.
Y le engancha del corpiño negro, sobre el pecho, ese dinero que estaba tan planchado, tan nuevito, tan limpito...
Ella sintió una súbita excitación con ese gesto de él. Le dio una puntada en el estómago, mezcla de deseo y hastío. Nunca imaginó que algo así la podía erotizar tanto... ¿O era la idea de ser mirada por un extraño mientras tenía sexo con su pareja lo que la excitaba? Estaba demasiado confundida para llegar a una conclusión. Lo pensó unos instantes y así, siempre con los billetes entre las tetas, jugó a ser una puta.
- Esta cartera es preciosa. Cuero del mejor. Los turistas me la sacan de las manos. Cómo la vas a abonar??
- En efectivo- respondió ella, riéndose por lo bajo.

3 comentarios:

  1. uy, es bonito, perverso.

    y yo que le estoy gritando cosas a la soledad que me disuelve

    y ella con ese desparpajo dilapida unas ganas, unas ganas así como de abrazarla y decirle "dejate de joder gatita no pierdas el tiempo, vamos a divertirnos al sol, comiendo un algodón de azucar mirando gente pasar en alguna plaza, vamos a sacarnos fotos en pose o a revolcarnos un rato"

    yo lo hice eso, pero con billetes del Monopolio.
    ja

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  2. el relato, un 10.
    Ahora... que querés que te diga...
    Se me pusieron los pelos de punta.

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  3. ALFONSO, le juego un TEG. Se anima?

    NINA, amiga, sabía q te iba a gustar.
    Besos.

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